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Las lagrimas y la emoción de muchos colombianos y venezolanos fue inevitable al ver a las señoras Clara Rojas y Consuelo González recobrar su libertad. Son estos momentos cuando el pesimismo en el que vivimos desaparece y una luz de esperanza nace dentro de nuestros corazones de patriotas, es cuando empezamos a sentir que en medio de toda la basura con la que crecimos, es posible hacer un cambio.
Está demostrado que si el poder busca protagonismo, es preciso buscarlo desde la felicidad de las personas, y que mejor forma de hacer feliz a la gente en Colombia que liberar a todos los secuestrados.
No sabemos si después de esto veamos en poco tiempo mas secuestrados volviendo a casa. No sabemos si este será el paso para un eventual encuentro entre el gobierno y las FARC. No sabemos si el protagonismo del presidente Chávez se incremente con todo este acontecimiento. No sabemos si las consecuencias de este suceso incidan en el modo de actuar del gobierno colombiano frente a su posición en este tema.
Pero lo que si sabemos es que algo tiene que pasar, la emoción tiene que ser colectiva. Celebramos y lloramos con el reencuentro de Clara y Consuelo con sus familias; es hora de que nos emocionemos con el reencuentro de Ingrid, Moncayo, Jara, Pérez y demás.
Me imagino ese día como uno de los mas felices de la historia de Colombia, me imagino el día en que se firme la paz, es un peldaño que iniciamos. Sin importar quien sea el protagonista, es necesario que en Colombia llegue la hora de la reconciliación.
Gracias Piedad Córdoba, ojalá muchos de los que critican tu labor, tengan una cuarta parte de los cojones que tienes al afrontar estas situaciones, que humanidad de mujer.
Es hora de que los colombianos dejemos de dividirnos en pensamientos de derecha o izquierda, es hora de que pensemos en lo mejor para nosotros sin pensar en los gringos o en los guerrilleros, es hora de pensar en nosotros.